Es cierto que dentro de la temática del abuso infantil o a menores de edad no hay demasiada literatura, esto a pesar de lo necesario que es transmitir a la sociedad la existencia de este problema, que a fecha de hoy sigue siendo tabú.

No hay muchos libros sobre abuso infantil que sean accesibles a los lectores y les permitan no solo conocer de mano de sus autores, en muchos casos además víctimas de lo narrado, aunque cada vez son más los valientes autores que se van atreviendo a escribir este tipo de manuscritos para que puedan ser leídos y sus historias conocidas.

El abuso sexual infantil, que es aquel que comete por regla general un adulto sobre un menor de edad, aunque también se dan casos en los que el abusador es menor de edad, de igual o mayor edad que el abusado.

¿Está la sociedad actual preparada para hablar abiertamente del abuso infantil y de los estragos que este causa?

Es una pregunta que dependiendo de quien la aborde puede tener muchas respuestas o enfoques, pero lo cierto es que de manera general, las personas comunes y corrientes, con vidas aparentemente normales, y en familias y barrios estructurados económica y socialmente, no es un tema cómodo de abordar.

Por lo general, cuanto mayor es el nivel social del ciudadano, menor sensibilidad hay a la hora de hablar abiertamente de la pederastia y de los entornos donde los menores pueden sufrir estos episodios a veces constantes y continuos a lo largo de la infancia y juventud de determinados niños y niñas.

 

Abuso Sexual Infantil, un tabú del que algunos no quieren hablar

 

Aunque antaño era un tabú del que ni siquiera se hablaba, hoy en día se va viendo más concienciación sobre la necesidad de prevenir y detectar situaciones de abuso a menores. Las campañas en medios y redes van contribuyendo a sacar el tema de la oscuridad y que se hable de él con más naturalidad, aunque no sin dolor.

No es un asunto del que nadie se sienta orgulloso, todo lo contrario, hablar genera dolor, produce mucho sufrimiento en quienes lo sufrimos y también en las personas que rodean a la víctima, sobre todo familiares de primer grado, que muchas veces acompañan en silencio el dolor de los afectados.

Son miles las víctimas que callan por miedo, vergüenza o desprotección, sobre todo si el abuso viene de familiares cercanos, es decir, se produce en el entorno intrafamiliar, aunque en otros ámbitos también es silenciado, quizás más y con mayor ahínco.

Legalmente se han logrado cosas, pero a veces ni el sistema judicial protege suficientemente a los niños, ni castiga con severidad a culpables y cómplices, desalentando las ya de por sí complejas denuncias.

Tampoco ayudan ciertos prejuicios sociales, como pensar que el abuso solo se circunscribe a ambientes marginales, cuando la realidad dice que también se da en familias normalizadas o de clase media y alta, donde el silenciamiento es mayor aún si cabe, quizás por la fricción que produce la exposición pública de casos que los medios pongan en negro sobre blanco.

Queda mucho por hacer para dar un apoyo integral a las víctimas de abuso: soporte psicológico, ayuda social para enfrentar el estigma, apoyo legal para afrontar posibles procesos judiciales o canónicos.

La recuperación de este trauma requiere acompañamiento constante, por lo que es esencial investigar a fondo las causas que originan el abuso, para prevenir comportamientos de riesgo antes de que sucedan.

Es cierto que cada vez estamos más preparados como sociedad para abordar el abuso infantil, pero el camino es largo y requiere del compromiso de todos para proteger a los más vulnerables.

 

Lecturas que ayudan a dar pasos

 

Es cierto que no todas las personas adultas que sufrieron abusos siendo menores de edad están preparadas en algún momento de su vida para hablar de ello, aunque sí se puede decir que los jóvenes de hoy día tienen más capacidad y medios para hacerlo, en un período de tiempo más corto, a veces casi inmediato, denunciando o utilizando algunos de los canales que se van abriendo para facilitar estos procesos.

Para quienes llegamos tarde al uso de líneas anónimas de denuncia, centros Barnahus (Casa de los Niños, en islandés) o asociaciones de ayuda a víctimas de abuso que pongan en nuestras manos mecanismos de denuncia, apoyo psicológico y de escucha, existen otros medios que pueden contribuir a entender lo que nos ha sucedido.

No puedo hablar por boca de otras víctimas, tampoco me corresponde, por lo que la visión de lo que te comento a continuación es personal y basada en mi experiencia, y lo que a mí me ha ayudado a entender el complejo proceso de reconocer el dolor, luego el daño y finalmente pasar a identificarme como “víctima de abuso” por parte de adultos, siendo yo menor de edad.

Hablar de lo sucedido, tras muchos años, demasiados, no es algo que se elige hacer en determinado momento, ¡y ya está!, no funciona así. Esto tiene lugar de repente, fruto de algún disparador (trigger) que desencadena toda una serie de recuerdos, pensamientos y desencuentros emocionales con uno mismo.

No voy a hablarte de cómo se llega a esta situación en este artículo, quizás más adelante, pero una vez estas en este punto, pasado el proceso de “negación”, de reconocer que hay mucho dolor acumulado, y sabiendo detectar la causa o el origen, se suele pasar por una fase de comparación del dolor, casi siempre contratándolo con el sufrido por otras víctimas de situaciones parecidas.

La información existente al respecto, fuera del campo médico o psiquiátrico, se reduce a lo publicado por algunos medios de comunicación impresos, digitales o en redes sociales, y esta se centra casi siempre en una narración superficial de los hechos, sin ahondar en la parte emocional y el dolor de quienes se reflejan como víctimas de los hechos.

Es aquí donde los libros cobran un papel importante y muchas veces relevante, sobre todo si narran historias de otras víctimas, en primera persona, que cuentan sus vivencias y procesos.

Yo he tenido la oportunidad de poder leer algunos libros que abordan el abuso sexual infantil, principalmente en el ámbito eclesiástico, que aun siendo minoritario con respecto al familiar o el deportivo, es especialmente doloroso por la traición espiritual que conlleva en quienes lo han padecido por parte de curas o monjas pederastas.

Y de eso quiero hablarte, de algunos de los libros que me han ayudado en el proceso inicial, en el que he buscado reflejo de mi historia en la de otras personas que pasaron por ella en algún momento de su vida, con el fin de encontrar algo de paz interior y de entendimiento de lo que sucede cuando uno se expone a los hechos y a la sociedad.

 

Esto no se dice, de Alejandro Palomas

 

“Esto no se dice” es una novela autobiográfica donde su autor narra la relación abusiva que sufrió de niño por parte de “un hombre” (Hermano de La Salle) mientras cursaba en dicho centro en Premiá de Mar.

Con un estilo sobrio y directo, Alejandro Palomas describe cómo aquellos abusos sexuales marcaron su infancia y juventud, y las secuelas que ha arrastrado durante años.

 
Esto no se dice, de Alejandro Palomas
 

La narrativa se inicia con Alejandro, ya en su etapa adulta, compartiendo su relato con el lector, retrocediendo luego a su infancia, cuando era un niño más vulnerable. Describe cómo este “hombre” logró ganarse su confianza para luego perpetrar los abusos.

Con crudeza, el autor expone los sentimientos contradictorios que experimentó durante esos años: la inicial confusión, el sentimiento de culpa y el paralizante miedo a hablar, temiendo que nadie le creyera, principalmente su madre. Todo esto ocurrió en una época en la que estos temas eran tabú.

El relato también revela las secuelas que el abuso infantil deja en la salud mental, incluso en la edad adulta. Ansiedad, inseguridades y dificultades para relacionarse son algunos de los problemas a los que ha tenido que enfrentarse, buscando ayuda a través de terapia y el apoyo de sus seres queridos.

El libro presenta una narrativa impactante que también sirve como una defensa de la importancia de visibilizar y prevenir el abuso infantil. Con valentía, el autor da voz a muchas víctimas que han sido silenciadas.

Tuve la gran suerte de conocer personalmente (unos minutos) a Alejandro Palomas en la Feria de Libros del Día de San Jordi, en Barcelona, donde aproveché para saludarlo, pues solo había tenido ocasión de cruzar algunas respuestas con él en redes sociales.

 
En la Feria del Libro de San Jordi, Barcelona, con Alejandro Palomas
 

Aproveché para obtener un ejemplar firmado y hacerme una foto, que sigue siendo significativa para mí, pues en aquellos momentos yo estaba todavía en una fase muy inicial del descubrimiento del relato de mi infancia y los abusos sufridos.

Sin duda, es un libro que te recomiendo leer, no solo por los hechos contados, sino que por ese estilo narrativo que el autor imprime en cada párrafo de las más de 300 páginas que lo conforman.

 

Lobos con piel de pastor, de Juan Ignacio Cortés

 

Este libro me llegó cuando estaba profundizando en el entendimiento de lo que la “pederastia en la Iglesia Católica” suponía en términos de cifras para entender su alcance social y las cifras que hay detrás de los miles y miles de casos que aun a fecha de hoy siguen apareciendo en diferentes medios.

En esta obra, el autor expone casos de abuso de poder y corrupción en la iglesia católica. El título hace referencia a la metáfora de los falsos pastores que en realidad son como lobos.

 
Lobos con piel de pastor, de Juan Ignacio Cortés
 

En el libro “Lobos con piel de pastor” se documentan varios casos escandalosos, Boston, Irlanda, La Bañeza (León, España), que involucran a miembros del clero que abusaron de menores bajo su cargo. El autor critica la cultura del secretismo y la impunidad dentro de ciertas jerarquías eclesiásticas.

En general, el libro busca transparentar los abusos y llamar a una reforma sincera dentro de la iglesia. Habla de los pasos que ha dado la Iglesia para reconocer y reparar a las víctimas y de la labor del Papa Francisco y su “tolerancia cero” hacia los miembros del clero que se han visto salpicados por los casos de abusos documentados en las Diócesis de muchos países.

Si buscas documentación transversal, clara, con fechas y datos, de lo que ha supuesto la pederastia en el seno de la Iglesia y su impacto en la sociedad, este libro no te va a dejar indiferente ante las abrumadoras cifras y datos en él recogidos.

 

Reino de Sombras, de Xavier Cruzado

 

La novela de ficción “Reino de Sombras”, escrita por Xavier Cruzado, narra la problemática de la pederastia en España, un escándalo que ha afectado a numerosos miembros de la iglesia católica a lo largo de décadas.

También explora el pacto de silencio y el intercambio de favores entre el poder eclesiástico y los gobiernos de Aznar y sus allegados.

 
Reino de Sombras, de Xavier Cruzado
 

Se trata de una novela negra con base en hechos históricos, fruto de una exhaustiva investigación por parte de su autor. “Reino de Sombras” explora las profundidades del escándalo de la pederastia en España.

Además, arroja luz sobre el pacto de silencio y los favores mutuos entre el poder eclesiástico y los círculos más cercanos al gobierno de Aznar.

La temática central de la obra invita a una profunda reflexión acerca de la imperiosa búsqueda de justicia. Se adentra en la psique perturbada de aquellos que se proclaman como portadores de la palabra divina y en las devastadoras repercusiones que sus acciones han dejado en generaciones de niños afectados ya en su edad adulta.

Se debate la eterna dualidad entre el bien y el mal, resaltando la inevitabilidad de enfrentar las consecuencias de los pecados de abuso cometidos.

Conocí a Xavier en la feria del libro, con motivo de la Diada de Sant Jordi, en Barcelona, y fue un grato momento del que guardo buen recuerdo, ya que su obra me acompañó también en los momentos oscuros y de descubrimiento de mi verdad. A veces es necesario salirse del doloroso relato de lo real y sumergirse en la ficción para distraer la mente y alejar los recuerdos que tanto daño siguen haciendo.

 
Con Xavier Cruzado en la Diada de Sant Jordi, Barcelona 2023
 

Gracias Xavier, por tu apoyo, tus palabras y el acompañamiento que hiciste de mi día a día, mientras iba abriendo la herida cada vez más sangrante, desde el anonimato de mi teclado.

 

Leer para sanar

 

Sí, leer puede ayudar a sanar heridas emocionales, pues la lectura es una forma de escapar de la realidad, permitiendo sumergirse en historias que aportan consuelo, comprensión y perspectiva sobre sus propias experiencias.

La lectura puede tener un impacto significativo en la manera en que puedes manejar y comprender mejor tus experiencias de trauma. Al sumergirte en las historias de personajes que han atravesado situaciones similares, puedes sentirte comprendid@ y acompañad@ en tu dolor, lo que fomenta la empatía tanto hacia ti mismo como hacia los demás.

Encontrar narrativas que reflejen tus propias emociones y desafíos puede validar tus sentimientos, un aspecto fundamental en el proceso de curación. Además, la lectura proporciona nuevas perspectivas sobre el trauma, ayudándote a comprender mejor lo que has vivido y a obtener mayor claridad mental y emocional.

Leyendo tienes la oportunidad de educarte sobre cómo el trauma sufrido puede afectar tu salud mental y emocional, así como sobre las estrategias para afrontarlo y los recursos disponibles para ayudarte en el proceso de recuperación.

Además, sumergirte en la lectura puede ofrecerte un espacio de distanciamiento seguro para procesar las emociones relacionadas con el trauma de manera gradual y controlada, pudiendo enfrentar tus experiencias de manera más segura y menos abrumadora.

El abuso sexual infantil sigue siendo un tema tabú, insuficientemente abordado como para aportar información con perspectiva lo suficientemente extensa que sirva para que quienes empiezan a descubrir el dolor que albergan dentro, puedan documentarse y saber lo esencial de este problema que les ayude a avanzar hacia la reparación.

En mi caso, la lectura de los libros citados y otros (si quieres saber cuáles son pregúntame en los comentarios) ha sido esencial para entender en que momento estaba, hacia donde tenía que ir avanzando y con qué información contaba para poder transmitir de forma segura los hechos de lo vivido sin derrumbarme.

 

Es difícil afirmar que nuestra sociedad está totalmente preparada para abordar el abuso sufrido por menores de edad en este país, pero se perciben avances esperanzadores.